Fundación del Convento de la Inmaculada Concepción de Quito



La Sierva de Dios Madre Mariana de Jesús Torres,
Hija Predilecta de María Santísima de El Buen Suceso.



Madre Mariana de Jesús Torres.

"Estrella del mar proceloso de mi vida mortal, alumbrádme con Vuestra luz para no errar el camino que al Cielo me conduce."

(Jaculatoria que la Madre Mariana de Jesús Torres rezaba constantemente a Nuestra Señora de El Buen Suceso)

La Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, fue una de las Fundadoras Españolas del Convento de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Quito. En dicho bendito lugar - en el que vivió entre los siglos XV y XVI -, se convirtió en una gran mística que abrazó el estado de perfección conforme las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.

Nacida en España, en la Provincia de Vizcaya, en el año de de 1563, su vida fue una constante sucesión de revelaciones divinas, intervenciones y milagros. Dios Nuestro Señor no le ahorró nada, que no sea para contribuir a su purificación y perfección, pues estaba destinada a una vocación extraordinaria cuál ser víctima expiatoria por los pecados del mundo, y del Ecuador especialmente.



Un alma predestinada

Honrada con una belleza angelical, sus padres, Diego Torres y Dona María Berriochoa, ilustres de estirpe y católicos fervorosos, la bautizaron con el nombre de Mariana Francisca, y desde muy pequeña se veía arrebatada por Nuestro Señor Jesucristo oculto en el Tabernáculo. Al recibir a los nueve años su Primera Comunión, tan grande fue su alegría, que cayó profundamente desmayada. Fue entonces que vio a Nuestro Señor colocando un hermoso anillo en su dedo, reclamándola para Sí. La niña aceptó gustosa, ante las miradas de la Santísima Virgen y San José, quienes complacidos, presenciaban aquél celestial compromiso.

En esa misma visión, la Madre de Dios le hizo conocer, que estaba destinada a pertenecer a la Orden de la Inmaculada Concepción. Para ello, le pidió abandonar la casa paterna para abrazar su cruz en una tierra remota. Dicha Orden Religiosa, había sido fundada en el año de 1490 por otra alma privilegiada, Santa Beatriz de Silva, de origen portugués y de noble linaje.


La Orden de la Inmaculada Concepción

El gran amor de Santa Beatriz era la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios. Después de muchos sufrimientos y dificultades, pudo fundar esta Orden que tenía como fin principal el honrar este privilegio exaltado de María Santísima, siglos antes de que fuera declarado un dogma de fe.

La nueva Orden adoptó la regla franciscana y tomó a San Francisco de Asís como su Padre y Guía. Las religiosas, a propia indicación de Nuestra Señora, debían vestir, un manto azul, y un vestido blanco, esto es, los colores de la Inmaculada Concepción. Además, un velo en color negro.


Una petición de la entonces colonia española

Rdma. Madre María de Jesús Taboada.
Algunas Señoras influyentes y piadosas en la colonia española de entonces (hoy Ecuador), tuvieron conocimiento de la Congregación recientemente establecida en Europa así como de la dedicación del mismo. Por esto, deseaban que se estableciera también en Quito, y para esto, enviaron su petición al rey Felipe II de España quien autorizó en 1556 la fundación del Convento, y para dirigirlo, nombró a una monja de gran virtud, la Madre María de Jesús Taboada. Se dice, que esta virtuosa mujer, era prima del propio Rey. Además, era Ella, tía de la entonces niña Mariana de Torres; debía ser acompañada por otras seis monjas, todas ellas damas de gran mérito y sólida virtud.

Eran las Madres Francisca de los ángeles, Ana de la Concepción, Lucia de la Cruz, Magdalena de San Juan, Catalina de la Concepción, y de María de la Encarnación.






La Fundación


Llegando a Quito el 30 de diciembre de 1576, las fundadoras fueron recibidas con gran alegría y hospedadas en algunos sitios del convento, que aun se hallaba bajo construcción.

Real Convento de la Inmaculada
Concepción de Quito.
Así, el 13 de enero de 1577, situado en la esquina colindante con la Plaza de Armas - hoy, Plaza de la Independencia -, se funda el Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción de Quito, primer convento de monjas de clausura en el Ecuador y primero de las Conceptas en América Latina, profesando sus votos las siete fundadoras en las manos de un Fraile Franciscano. Eran las primeras esposas de Nuestro Señor Jesucristo en tierras ecuatorianas. Mariana de Jesús Torres no participó de la ceremonia pues apenas contaba con trece años.


La Virgen de la Paz

Ocho días después de la fundación, el 21 de Enero de 1577, encontrándose dichas primeras religiosas rezando en una capilla provisional, adaptada como Coro, vieron entrar tres luces por las ventanas, de las cuales, una bañaba a la Virgen de la Paz, Imagen de mediana estatura, con el Niño Jesús en sus brazos, traída desde España para ser la Patrona de la fundación, y a la cual, las religiosas la llamaban la Patronita.

La otra luz iluminaba el retablo del Altar, y la tercera iluminaba la ventana con gran resplandor.

Nuestra Señora de la Paz
Así mismo vieron entrar una estrella que se colocó sobre la cabeza de la Imagen. Otra estrella iluminaba el Crucifijo que precedía el Altar.

Entonces la Imagen empezó a moverse y las fundadoras luego de contemplar a San Francisco, Patrono de la Orden Concepcionista, oyeron cantos sonoros y gozaron de suaves olores. A partir de las siete de la noche, tras los repiques de campanas, los habitantes acudían al Convento para presenciar el portentoso hecho, entre ellos, el Presidente de la Real Audiencia, don García de Valverde. Se daba así, el primer hecho milagroso en el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito.

Poco después, varias jóvenes de Quito eran admitidas en el Convento de la Inmaculada Concepción y la vida de claustro alcanzaba su pleno florecimiento.



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