¿Idolo o imagen?


Ambientes, Costumbres, Civilizaciones

“Virgen” de Jacques Lipchitz. El autor la describe con estas: “Del pico de la paloma penden tres fragmentos del Cielo estrellado, que se juntan formando un corazón dado la vuelta, con la punta hacia arriba, del cual emerge la Virgen con los brazos abiertos hacia el mundo. El conjunto es llevado por Angeles en pleno vuelo.”

La extravagancia de la idea y de los pormenores, es chocante. El bulto de la imagen, su gesto, nada deja aparecer la pureza y la inigualable dignidad de la Madre de Dios. La imagen no instruye, no forma, no atrae. La nota espiritual cristiana está tan ajena a ella, que si el escultor la quisiese vender como si fuese un ídolo, no tendría necesidad de hacer ningún retoque; bastaría cambiar el nombre dado por él a la estatua.

¿Quién podría decir lo mismo de la maravillosa Imagen de Nuestra Señora de El Buen Suceso, elaborada en el siglo XVII, inicialmente por el escultor español Francisco del Castillo, y concluida, por los tres Arcángeles San Miguel, San Gabriel, y San Rafael, como consta en los manuscritos de la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, co-fundadora del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito?

Sin pretender hacer un comentario artístico, analicemos el contraste entre las mentalidades expresadas en una y otra imagen, a fin de hacer sentir a los lectores cuanto las aspiraciones de que nace, y los rumbos hacia que camina el arte moderno desvían y deforman la verdadera piedad cristiana.

Plinio Corrêa de Oliveira, in Catolicismo nº 8 – Agosto de 1951

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