Rosario de la Aurora 2010: Manifestación de Fe y Coraje



En la madrugada del día 2 de febrero de 1610, se hallaba la Sierva de Dios, Madre Mariana de Jesús Torres rezando ante el Santísimo Sacramento en el Coro Alto del Convento de la Inmaculada Concepción de Quito.

Fue entonces que la Santísima Virgen , bajo la invocación de María de El Buen Suceso, le haría saber designios que la Divina Providencia había reservado para los días actuales:




"Llegará el tiempo del Culto a mi Sagrada Imagen, la cual es voluntad de Mi Hijo Santísimo, debes mandarla a confeccionar tal como me ves y colocarla en el Trono de la Abadesa. En su mano izquierda colocarás a mi Divino Hijo. Y en la mano derecha el Báculo Pastoral y las Llaves de la Clausura, en señal de Mi Propiedad y Autoridad. Yo misma gobernaré éste mi Monasterio. Será esta Imagen el consuelo y sustento para éste mi Monasterio y para los fieles de ese tiempo; y esta devoción será el pararrayo entre la Justicia Divina y el mundo prevaricador"



1610 -2013
403 años de la Aparición



Otrora, en tiempos del glorioso pasado de la ciudad de Quito, miles de personas eran atraídas a participar en el Rosario de la Aurora, a partir de las cinco de la mañana. Hoy, a inicios del Siglo XXI, lo señalado por Nuestra Señora de El Buen Suceso, de que "Se extinguirá por completo la Luz de la fe en las almas" es una triste realidad. La indiferencia religiosa campeante en el mundo redujo gradualmente hasta hace casi una década, el número de asistentes a dicha Procesión, se podría decir a unos pocos cientos de fieles. Y de manera algo más precisa, a menos que eso.

Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.
El Ilustre líder y pensador católico, Profesor Plinio Corrêa de Oliveira fue un gran devoto de Nuestra Señora. Fue él quién infundió en nosotros, como discípulos suyos, esta devoción, según el método de San Luis María Grignon de Monfort, por el cual nos consagramos a Nuestra Señora en calidad de esclavos.

Así, en calidad de devotos y esclavos de María Santísima, a Ella decidimos dedicar nuestra existencia, volviendo nuestra atención especialmente en promover la difusión de las proféticas revelaciones hechas por Nuestra Señora de El Buen Suceso a la Madre Mariana de Jesús Torres.

Para empezar, era necesario que el Rosario de la Aurora saliese del letargo en que yacía. Para esto, se requería darle el mayor impulso posible y que repercuta en las fibras más profundas del alma de los ecuatorianos.

"Actuar como si todo dependiese de nosotros y no de Dios, y confiar como si todo dependiese de Dios y no de nosotros", enseñaba San Ignacio.

Fue así que depositando toda nuestra confianza en Nuestra Señora, a Ella acudimos mediante una feliz intercesora que con toda seguridad obtendría de la Reina del Cielo las gracias necesarias para este propósito: era su Hija Predilecta, y nuestra Capellana Celestial, la Sierva de Dios, ya mencionada, Madre Mariana de Jesús Torres.

Y desde entonces, poco a poco, y en menos de diez años, la Madre de Dios, ha intervenido de una manera increíble:

Año tras año, el número de asistentes crece sorprendentemente superando con creces al registrado en el anterior. En el año 2009 concurrieron casi cinco mil personas.



En este 2010, en que se conmemoró el cuadrigentésimo aniversario de aquella insigne aparición en la que Nuestra Señora de El Buen Suceso pedía a la Madre Mariana mandase a confeccionar la referida Imagen destinada a ser la piedra angular de la devoción mariana en el Ecuador, la celebración fue más especial...

Así, a partir del 24 de Enero, día del Inicio de la Novena, algunos devotos de Nuestra Señora de El Buen Suceso, iniciaban una maratónica campaña, dirigida a repartir en diversos puntos de la ciudad, invitaciones para el Rosario de la Aurora.

Cien mil volantes eran repartidas y cerca de 1.200 afiches alusivos al evento eran colocados en locales comerciales y oficinas. En Quito y otras ciudades se rumoraba cada vez más del acontecimiento.

Al recibir las invitaciones, muchos transeúntes, tocados quizás, en las fibras más profundas de su alma, decidían acudir de inmediato a la Iglesia perteneciente al Convento de la Inmaculada Concepción , en cuyo Altar Principal se encontraba expuesta la Portentosa Imagen de Nuestra Señora de El Buen Suceso, punto central de la propaganda que estaba siendo difundida. No muy pocos, siendo originarios de Quito, a pesar de ello no la conocían. Poco después, de rodillas a sus Sagrados Pies, iniciaban con la Reina de los Cielos, dulces coloquios de fe y esperanza. Al salir de la Iglesia, muchas de aquellas almas quizás angustiadas se mostraban convencidos de que sus oraciones irían a ser escuchadas y que Nuestra Señora convertiría en buenos sucesos sus necesidades de alma y de cuerpo. Este ir y venir de fieles se repitió crecientemente durante todos los días de la Novena.

El domingo 31 de Enero, la Hoja Dominical "Luz del Domingo", a través de 270.000 ejemplares se hacía eco de la Invitación al Rosario de la Aurora. Buena parte del Ecuador tenía conocimiento de la Conmemoración que se aproximaba.

A las cuatro de la madrugada del día 2 de febrero, las campanas del Convento repicaban, la Banda de pueblo entonaba sus primeros himnos y se abrían las puertas de la Iglesia la cual poco a poco, como si se tratase de gotas de agua, se veía inundada de lo que en poco tiempo sería un diluvio de personas.

El Recinto Sagrado quedaba pequeño ante la cantidad de gente, por lo que fue necesario que un buen grupo quedase en la parte exterior. Columnas de taxis que transportaban a pasajeros llegados de ciertas distancias, reflejaban lo que al inicio de la campaña todos esperaban, esto es, una impresionante afluencia de fieles.

Iniciada la Romería, una pequeña y hermosa réplica de la Imagen verdadera de Nuestra Señora de El Buen Suceso, se abrió camino con gran dificultad por el centro de la iglesia, para luego comenzar su recorrido por las calles principales del Centro Histórico de Quito.


Pequeña réplica de Nuestra Señora de El Buen Suceso


La Imagencita era el centro de una lluvia de pétalos de rosas y muchos competían para poder llevarla en sus hombros. Todos querían estar cerca de Ella y a menudo fue difícil forzar el paso entre la multitud. Al mismo tiempo Nuestra Señora conquistaba maternalmente un espacio en el interior de cada persona de un modo inefable.

El ambiente de la Procesión era todo festivo, en medio de las piezas musicales y de las explosiones ocasionales de fuegos artificiales. Sin embargo, en medio de la alegría, primaba el recogimiento. La certeza de todos los presentes de sentirse hijos de Nuestra Señora, a pesar de todas las ignominias, de todas las ingratitudes, enalteciendo con cantos y oraciones la realeza de Nuestra Señora. No se trataba de manifestaciones de alma, falsas o tibias, por el contrario, eran gestos de una devoción ardorosa. La acción del demonio se vio frenada durante esos momentos por las gracias abundantes derramadas por María Santísima.

Cuando un individuo tiene poca devoción a Nuestra Señora, es como alguien que tiene una cuerda atada al cuello y conserva apenas un resto de respiración. Cuando no tiene devoción alguna, se asfixia. Teniendo una gran devoción, el cuello queda completamente libre y el aire entra abundantemente en los pulmones, pudiendo el hombre tener toda la plenitud de su vida. La intensidad de las gracias recibidas depende de la mayor o menor devoción que las personas tengan hacia Nuestra Señora. Pues bien, el sendero de que la devoción a Ella alcanzará algún día tal magnitud era marcado durante el paso de la Procesión.

Pese a la distancia entre los primeros y los del final, la uniformidad de la Procesión se mantenía increíblemente. En el trayecto, adornado por el sublime ambiente colonial, los asistentes, con los pulmones llenos y con ternura conmovedora, entonaban: "Dios de Amores, Santa Eucaristía ¡Mira al pueblo de Tu Corazón ¡ Todo es Tuyo lo has jurado un día, todo es Tuyo, Salva al Ecuador!"



Ya en la alborada, la Procesión hacía su paso frente a la Catedral y regresaba a la Iglesia de las Madres Conceptas. La Imagencita hacía su entrada triunfal. Y en el Altar Mayor, la Imagen verdadera de Nuestra Señora de El Buen Suceso, reinaba. Había reinado Ella durante aquel especial amanecer, como también lo había hecho durante toda la Novena. Esa era la sensación que todos sentían. Había sido Ella la Reina indiscutible de los 8.000 corazones allí presentes, en un acontecimiento que hacía pocos años estuvo tan cerca de la extinción.

Aproximadamente 20.000 volantes en las que, durante casi todo aquel bendito día dos de Febrero, los fieles anotaban sus peticiones, fueron repartidas y luego colocadas un año a los Pies de la Sagrada Imagen en su Trono Abacial.

Pero Nuestra Señora de El Buen Suceso no sólo quiso ser la Reina de los corazones durante el Rosario de la Aurora , sino para siempre. Y la tristeza que a menudo puede observarse en su rostro, parecería reflejar algo de su decepción de que la mayoría en el mundo actual busca otros intereses. La Santísima Virgen nos invita a un Buen Suceso. Y este, significa el mayor de todos los logros, esto es, la salvación de nuestras almas. Fue este Buen Suceso que Ella, tan brevemente, nos mostró en la Procesión. Más aun, como Madre sumamente bondadosa también nos dejó sentir Su protección en nuestras necesidades materiales, y en la salud, de nuestros familiares y amigos y de cada uno de nosotros.
Así terminó el Rosario de la Aurora. Nuestra Señora de El Buen Suceso había sido glorificada. Y nos preguntamos si todo aquello tan sólo fue un paso fugaz de la Gracia que luego se desvaneció. Nada de eso. Para todos quienes asistieron, incluso para la Subida de la Bendita Imagen al Coro Alto al día siguiente -previamente a la Santa Misa - fueron momentos inolvidables, que marcaron el alma de cada uno De hecho había en el ambiente festivo de dicha ocasión, la promesa de otro amanecer: los albores del reinado de María Santísima.

Y precisamente, fervientes oraciones pidiendo el inmediato cumplimiento de dicha promesa fueron hechas a los pies de esta Reina y Madre, la más poderosa de las Reinas y la más bondadosa de las madres, que recuerde sus misericordias y proteja especialmente a La Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, nuestra verdadera casa, a este querido Ecuador y a nuestros países tan necesitados de su protección y de su socorro contra la impiedad actual; que proteja también al Monasterio de La Inmaculada Concepción , a su Superiora, y a las religiosas que en él habitan, rezan y sufren en reparación por los pecados del mundo moderno.

Para culminar de la mejor forma estos imborrables festejos, nada mejor que la Bendición Apostólica y las palabras del Excmo. Señor Arzobispo de Quito, Mons. Raúl Vela como incentivos para continuar, con nuevos bríos, la incansable difusión de la devoción a Nuestra Señora de El Buen Suceso.

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